viernes, mayo 05, 2006

Sala de embarque

- Bruno, alista tus maletas te vas mañana a Puerto Iguazú.
Ante la inesperada indicación, preparé mis chivas y enrumbé con nerviosismo al aeropuerto. Tras un día estresante, que en realidad era el preámbulo de otro más estresante; la espera en la sala de embarque se transformó en un punto muerto que aproveché para poder observar con detenimiento a mis compañeros de viaje.
Argentinos, españoles, gringos, escandinavos, peruanos, formaban el abanico de nacionalidades que podía reconocer durante mi obligado reposo. La primera y única persona en tomar contacto conmigo fue una nerviosa anciana que se me acercó mostrandome su pasaje. "¿De acá sale el avión para Argentina, jóven?". "Sí, señora, de acá sale". "¿No debería haber salido, ya?. Mi boleto dice 11 y 10". "Esa es la hora para estar en la sala de embarque sin problemas. No se preocupe, señora". "No deberíamos preguntar". "Tranquila, señora, no se preocupe". Luego, de un rato de fungir de agua de azahar, pude por fin continuar con mi actitud boyerista.
Una dulce voz fue la que atrajo mi mirada. Una adolescente que risueñamente hablaba con ¿su tío? de su futuro viaje. Su madre, su hermana y su hermano, también la acompañaban. Era un niña definitivamente atractiva, de esas lolitas que pueden hacer temblar a cualquiera. Con una belleza que va más allá de lo físico ya que, a pesar de que su hermana tenía mejores rasgos, su simpatía la hacía ser la más bella de la sala. Me la imaginaba dentro de veinte años como líder de su familia, como ese integrante familiar capaz de congregar a todos los parientes por su buen animo. Con esos pensamientos no podía dejar de observarla, por momentos olvidandome de la discreción. "¿Pero, el avión no debería haber venido?". "Creo que se está demorando un poco, señora, no se preocupe".
La niña decidió ir a pasear por el duty free, así que pasee mi mirada nuevamente por entre los viajeros. Una freak europea usaba dos asientos como camas, una gordita avanzaba algún trabajo en su laptop, una pareja aprovechaba para abrazarse, un gringo lucía su camiseta del Boys. Esta vez un trío de europeos robó mi atención. El parecido físico los revelaba como hermanos. El mayor le llevaría cinco años al menor, el intermedio sería un año menor y tres años mayor que los otros. El intermedio parecía ser el más alegre, jugaba cartas con el mayor, mientras hacía bromas con el celular. El menor no jugaba, no se reía y hasta mantenía una distancia prudencial de los otros. Pensé que sería el efecto de la diferencia de edades, los otros podían ser gemelos, compañeros naturales de juegos, el otro el intruso, el que llegó de yapa. ¿Por qué estarían en el Perú? ¿Un viaje a Macchu Picchu? La pregunta empezó a volverse importante. "!Maradona!!Maradona!", la niña había vuelto y me devolvió a la realidad. Alcancé a ver la espalda del ídolo que esta vez no mostraba el número diez y vino a mi mente el recuerdo de las entradas que compré y luego regalé de su partido de exhibición. Maradona me enviaba a Argentina. Buenos días, Puerto Iguazú.

1 Comments:

At 10:35 a. m., Blogger julio ubillus said...

Siempre que te vas de viaje es una película de Woody Allen, si no es con Maradona, es en la carceleta de un aeropuerto gringo con la mafia taiwanesa. Tienes que llevar valium en el equipaje de mano.

 

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